La actividad física forma parte de las estrategias recomendadas para reducir el riesgo de deterioro cognitivo. La evidencia disponible muestra que diferentes programas de ejercicio pueden producir mejoras en algunos dominios cognitivos en personas mayores. Sin embargo, no existe una modalidad única demostrada como “el mejor ejercicio para el cerebro”, y la respuesta depende del estado cognitivo y de las características del programa.
Además, el ejercicio puede actuar indirectamente sobre factores relevantes para el cerebro al mejorar salud cardiovascular y metabólica. Pero conviene evitar una promesa excesiva: entrenar no garantiza prevenir una demencia.
Las guías de la OMS lo sitúan dentro de una estrategia multidimensional, no como una intervención aislada.
También conviene diferenciar mejorar en una prueba cognitiva de demostrar que una intervención evita una enfermedad. Son resultados distintos y requieren interpretaciones diferentes. Por eso, las promesas de ejercicios que blindan la memoria o rejuvenecen el cerebro van más allá de lo que puede garantizarse a una persona.
En la práctica, tiene sentido elegir actividad física que puedas sostener y que responda a tu capacidad. Aprender movimientos, seguir una rutina o participar en actividades compartidas puede enriquecer la experiencia, sin convertirla en un tratamiento neurológico. Si existen dificultades cognitivas, el programa debe considerar las indicaciones sanitarias y el apoyo necesario para que la participación resulte adecuada y comprensible.
Idea final. Entrenar el cuerpo también forma parte de cuidar el cerebro, pero la salud cognitiva se construye con múltiples factores, no con un único ejercicio.
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Fuentes de consulta: OMS · Demencia y reducción del riesgo · OMS · Beneficios de la actividad física