Son frecuentes, pero eso no significa que debamos considerarlos inevitables o ignorarlos. El embarazo y el parto pueden afectar al suelo pélvico, y algunas mujeres presentan incontinencia urinaria o fecal, sensación de peso vaginal, dolor o alteraciones de la función sexual.
El entrenamiento de la musculatura del suelo pélvico puede reducir el riesgo y los síntomas de incontinencia urinaria. Pero suelo pélvico no significa únicamente “hacer Kegels”. Los síntomas pueden relacionarse con fuerza, resistencia, coordinación o capacidad para relajar la musculatura, y algunos problemas requieren valoración específica.
Un escape al toser, correr o levantar peso merece ser comentado con un profesional sanitario, especialmente si se repite o condiciona tus actividades. La fisioterapia especializada en suelo pélvico puede valorar qué está ocurriendo y orientar el tratamiento. Añadir ejercicios por tu cuenta no permite identificar siempre el origen del problema.
Mientras se aborda, el entrenamiento general puede ajustarse a las indicaciones recibidas. Cambiar el impacto, la carga o la duración de una tarea permite buscar opciones mejor toleradas. El objetivo es que puedas seguir desarrollando capacidad sin acostumbrarte a entrenar con síntomas. Hablar de lo que te pasa facilita tomar decisiones y recuperar confianza para moverte.
Idea final. Que un síntoma del suelo pélvico sea frecuente después del parto no significa que tengas que resignarte a convivir con él.
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Fuentes de consulta: CSEP · Actividad física durante el primer año posparto