Con la edad se producen cambios biológicos reales y algunas capacidades tienden a disminuir. Pero envejecer no significa deteriorarse a una velocidad fija ni de la misma manera para todo el mundo.
La actividad física, las enfermedades, la nutrición, el sueño, los medicamentos y numerosos factores sociales y ambientales influyen en la trayectoria funcional. Además, incluso a edades avanzadas, músculo, sistema cardiovascular y sistema nervioso mantienen capacidad de adaptación al entrenamiento.
Por eso es importante diferenciar dos ideas: que una capacidad pueda disminuir con la edad no significa que no pueda mejorarse. El punto de partida cambia. La posibilidad de adaptación permanece.
Una dificultad nueva al subir escaleras o levantarte puede hacerte pensar que ya no hay nada que hacer. Sin embargo, conviene conocer qué la está causando y qué parte puede entrenarse. Si la pérdida de capacidad es rápida o inexplicada, corresponde una valoración sanitaria; no debe atribuirse automáticamente a cumplir años.
Una vez situado el problema, los objetivos pueden graduarse. Mejorar una tarea concreta, tolerar más actividad o necesitar menos apoyo son avances posibles según cada situación. El entrenamiento parte de lo que puedes realizar y ajusta la dificultad conforme respondes. Esa progresión permite trabajar con expectativas realistas, sin resignación y sin prometer recuperar capacidades que no puedan garantizarse.
Idea final. La edad modifica tu capacidad, pero no elimina tu capacidad de entrenarla. Envejecer y dejar de mejorar no son sinónimos.
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Fuentes de consulta: OMS · Envejecimiento y salud · OMS · Directrices de actividad física y sedentarismo