Cariolou, M. et al. (2023). Postdiagnosis recreational physical activity and breast cancer prognosis: Global Cancer Update Programme systematic literature review and meta-analysis.
Se quiso demostrar que la actividad física recreativa y con diversión, tiene una gran connotación positiva a las pacientes con diagnóstico de cáncer de mama. Una mayor actividad física se asoció con una reducción de hasta aproximadamente el 48 % de la mortalidad por cualquier causa y del 38 % de la mortalidad específica por cáncer de mama, especialmente al aumentar la actividad hasta alrededor de 20 MET-horas semanales. (gasto energético en reposo).
Con este estudio no se quiso decir en ningún momento que, gracias a la actividad física y la ciencia, se pudiera conseguir que el cáncer no volviera. Lo que se demostró es que gracias a ello, generamos más capacidades tanto físicas como emocionales de poder afrontar un tratamiento, diagnóstico evolución o involución del cáncer en sí.
Concluyendo el estudio, se sacaron conclusiones positivas tales como:
- Menor riesgo de mortalidad por cualquier causa.
- Menor mortalidad específica por cáncer de mama.
- Mejor salud cardiovascular y metabólica.
- Mejor control del peso y conservación de masa muscular.
- Menor riesgo de otras enfermedades crónicas.
Fueron estudios donde se dedicaron los esfuerzos en la observación más que en los resultados finales de la aplicación haciendo que fueran o fuesen estudios perceptivos de resultados.
El ejercicio no sustituye a la cirugía, la radioterapia, la quimioterapia, la hormonoterapia ni a los controles oncológicos. Debe entenderse como una herramienta complementaria dentro del tratamiento y la supervivencia.
La evidencia científica respalda que el ejercicio adaptado puede:
- Reducir la fatiga y mejorar la calidad de vida.
- Aumentar la fuerza sin empeorar necesariamente la linfedema.
- Asociarse con una mayor supervivencia y menor mortalidad.
Una de las certezas que se abocaron en éste estudio como en casi todos los estudios realizados en éste ámbito, fue que la prescripción del ejercicio debe individualizarse según el tratamiento, la cirugía, la presencia de metástasis óseas, el riesgo cardiovascular, el linfedema, la neuropatía, la anemia y el estado general de la paciente. En personas con complicaciones o tratamientos activos, es especialmente recomendable la coordinación con oncología, fisioterapia y profesionales especializados en ejercicio oncológico.