El entrenamiento de fuerza mejora la masa muscular, la fuerza y la capacidad física en hombres con cáncer de próstata tratados con terapia hormonal

Houben LHP et al. (2022)

Resistance Exercise Training Increases Muscle Mass and Strength in Prostate Cancer Patients Receiving Androgen Deprivation Therapy: Systematic Review and Meta-analysis

https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/36802081/

https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC9997646/

Éste artículo demuestra que hacer ejercicio con un seguimiento estricto, individualizado y profesional con las actividades correctas, pesos adecuados, series y repeticiones adecuadas también, junto con una continuidad constante, hacen que:

  • aumenta la masa muscular
  • mejora la fuerza
  • mejora la capacidad aeróbica
  • disminuye los efectos secundarios de la terapia hormonal (ADT)
  • mejora la composición corporal

Uno de los mayores problemas de la terapia hormonal es la pérdida de músculo y el aumento de grasa corporal. El ejercicio de fuerza es actualmente una de las mejores herramientas para combatir estos efectos.


La actividad física se asocia con una menor mortalidad después del cáncer de mama:

Cariolou, M. et al. (2023). Postdiagnosis recreational physical activity and breast cancer prognosis: Global Cancer Update Programme systematic literature review and meta-analysis.

 

Se quiso demostrar que la actividad física recreativa y con diversión, tiene una gran connotación positiva a las pacientes con diagnóstico de cáncer de mama. Una mayor actividad física se asoció con una reducción de hasta aproximadamente el 48 % de la mortalidad por cualquier causa y del 38 % de la mortalidad específica por cáncer de mama, especialmente al aumentar la actividad hasta alrededor de 20 MET-horas semanales. (gasto energético en reposo).

Con este estudio no se quiso decir en ningún momento que, gracias a la actividad física y la ciencia, se pudiera conseguir que el cáncer no volviera. Lo que se demostró es que gracias a ello, generamos más capacidades tanto físicas como emocionales de poder afrontar un tratamiento, diagnóstico evolución o involución del cáncer en sí.

Concluyendo el estudio, se sacaron conclusiones positivas tales como:

  • Menor riesgo de mortalidad por cualquier causa.
  • Menor mortalidad específica por cáncer de mama.
  • Mejor salud cardiovascular y metabólica.
  • Mejor control del peso y conservación de masa muscular.
  • Menor riesgo de otras enfermedades crónicas.

Fueron estudios donde se dedicaron los esfuerzos en la observación más que en los resultados finales de la aplicación haciendo que fueran o fuesen estudios perceptivos de resultados.

El ejercicio no sustituye a la cirugía, la radioterapia, la quimioterapia, la hormonoterapia ni a los controles oncológicos. Debe entenderse como una herramienta complementaria dentro del tratamiento y la supervivencia.

La evidencia científica respalda que el ejercicio adaptado puede:

  1. Reducir la fatiga y mejorar la calidad de vida.
  2. Aumentar la fuerza sin empeorar necesariamente la linfedema.
  3. Asociarse con una mayor supervivencia y menor mortalidad.

Una de las certezas que se abocaron en éste estudio como en casi todos los estudios realizados en éste ámbito, fue que la prescripción del ejercicio debe individualizarse según el tratamiento, la cirugía, la presencia de metástasis óseas, el riesgo cardiovascular, el linfedema, la neuropatía, la anemia y el estado general de la paciente. En personas con complicaciones o tratamientos activos, es especialmente recomendable la coordinación con oncología, fisioterapia y profesionales especializados en ejercicio oncológico.

 


El entrenamiento de fuerza puede ser seguro incluso cuando existe linfedema

Schmitz, K. H. et al. (2009). Weight Lifting in Women with Breast-Cancer–Related Lymphedema. The New England Journal of Medicine, 361, 664–673. DOI: 10.1056/NEJMoa0810118.

 

A principios de los 2000, se hizo un ensayo clínico con más e 140 mujeres con cáncer de mama con linfedema estable haciendo entrenamiento de fuerza con material adecuado a las condiciones de cada una durante un año dos sesiones semanales.

Un 11% de las mujeres totales del estudio, experimentaron una inflamación aproximadamente igual a las que pertenecían a un grupo de control que era del 12%.

El grupo que entrenaba la fuerza, mejoró la misma, redujo la intensidad de los síntomas y presentó menos exacerbaciones del linfedema evaluada por especialistas pasando de un 14% frente al 29%

La conclusión fue bastante clara, pues hubo principales beneficios como:

  • Aumento de la fuerza del tren superior e inferior.
  • Reducción de la percepción de pesadez y otros síntomas.
  • Menor número de exacerbaciones del linfedema.
  • Mejora de la confianza para utilizar el brazo afectado.
  • Mayor capacidad para cargar bolsas, vestirse o realizar tareas domésticas.

A partir de estudios como éste, se cambió la percepción de que la mujer que era oprada de un cáncer de mana, debía evitar hacer ejercicio cuando lo que se demostró que haciendo todo lo contrario, había unas posibilidades aún mayores de poder trabajar correctamente el proceso oncológico con mayores resultados positivos a la hora de levantar peso y mejorar la calidad de vida tanto física como emocional de la mujer afectada

La clave fue realizar sesiones adaptadas de manera individual según necesidades de manera progresiva y controlada y bajo supervisión de un especialista deportivo que tenga nociones de entrenamiento oncológico.

Se usaron prendas compresivas ajustadas según la necesidad de cada una demostrando que el ejercicio bien trabajado y prescrito, puede ser seguro y beneficioso.


El ejercicio reduce la fatiga y mejora la calidad de vida

Zhou, R. et al. (2024). Effects of Exercise on Cancer-Related Fatigue in Breast Cancer Patients: A Systematic Review and Meta-Analysis of Randomized Controlled Trials.

Después de realizar unos ensayos con un número de mujeres que padecían cáncer de mama, los resultados respaldan los que los programas de ejercicio ayudan a reducir la fatiga relacionada con e cáncer, uno de los síntomas más frecuentes y limitantes durante y después del tratamiento al que se ha expuesto.

Se concluye que, los beneficios principales y más destacables son:

  • Disminución de la fatiga relacionada con el cáncer.
  • Mejora de la capacidad física.
  • Mayor autonomía para realizar actividades cotidianas.
  • Mejor percepción de la calidad de vida.
  • Posible mejora del estado emocional y del sueño.

El beneficio no consiste solamente en que la mujer que sufre el cáncer de mama, “se encuentre más en forma”. Una reducción de la fatiga puede ayudarle a levantarse de la cama, caminar, cocinar, trabajar o mantener cierta vida social con menos agotamiento.

El ejercicio debe adaptarse al momento del tratamiento, al nivel de fatiga, a los efectos secundarios y a la condición física de cada paciente. Generalmente se combinan ejercicio aeróbico, fuerza y movilidad.


Sabes porqué el musculo compite contra el cancer?

La mayoría de tumores consumen glucosa, y lactato para crecer, y para que le llegue esos nutrientes, lo que hace el tumor es crear redes de casos sangúineos a su alrededor.
Cuando hacemos ejercicio físico, nuestros músculos necesitan energía para moverse y por lo que la glucosa y el lactato, en vez de ir al tumor, va hacia nuestros músculos y por lo tanto, el ejercicio compite contra el tumor por el mismo sustrato, por lo que cuanto más va al músculo, menos va al tumor.
Además, la contracción muscular secreta mioquinas, que se ha demostrado que son antitumorales, por lo tanto el ejercicio físico es un rival metabólico del tumor.
El entrenamiento de fuerza no solo mejora los efectos secundarios de los tratamientos, sino que también mejora el pronóstico por su propiedad endocrina.


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